Te veo dormida a mi lado, respirando el mismo aire de la vispera, bajo el aura de tu aroma que inunda el ambiente y exalta los sentidos, siento el palpitar bajo tu piel y casi puedo ver tus sueños flotando por tu mente. Acaricio tu hombro desnudo y tu cabello revuelto entre mis dedos sacan de mi me memoria nítidos y vivos recuerdos de ti entre mis brazos. Puedo sentirte cerca, como si estuviéramos totalmente fuera del mundo, flotando entre astros luminosos en algún lugar atemporal y etereo en el que no hace falta nada más allá que nosotros mismos. El frío nocturno invernal te hace estremecer y entre sueños buscas el refugio de mis brazos y mi pecho que te acogen cálida y amorosamente. Me asombra la tranquilidad con la que descansas, pero disfruto como nadie velar tu sueño y observarte en la plenitud de ti misma.
Unos lejanos acordes suenan en mi cabeza, acompañados del efluvio de ti presencia. Siento de nuevo la ambrosía que brota de cada poro de tu piel mientras tus ojos parpadean tenuemente.

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