No había día que no esperara en el balcón a la misma hora para verla pasar, y a pesar de eso, no la había vuelto a encontrar. Quizá era eso mismo, cierta misticidad que le imprimía al asunto, eso de haberle visto tan sólo una vez, y que esa vez pareciera que nadie más la hubiera visto. ¿Cómo era posible que Ella (por que era Ella, no solamente "alguien") pasara desapercibida entre aquel huracán urbano? Contradictorio. Aún así, no perdía la esperanza de volverla a ver. Vaya... Inicios del siglo XXI y con semejantes romanticismos. Definitivamente, no era algo que quisiera publicar.
No podía sacarla de su mente, parecía que Ella había salido de algún sueño, si, de un sueño y no de otro lado, eso explicaría su volatilidad, eso explicaría que no la hubiese vuelto a ver. Lo pensó largamente, pero se convenció a si mismo que no lo haría, preguntar por ella en las tiendas en las que el la vió sonaba enfermizo, y siendo honestos, era casi imposible que alguno de los comerciantes de la calle principal de comercios de especias y condimentos y demás aditamentos para la cocina la recordara. A ciencia cierta, no tenía ni idea del flujo de mujeres por esa zona, pero estaba seguro de que debió haber sido bastante denso, así que sería practicamente imposible dar con Ella, no sabía ni su nombre, sólo sabía que tenía un bello cuello y unos delgadísimos y finos tobillos extra-flexibles. Si, sería mejor olvidar esa idea. Ahora sólo le quedaba esperar a que Ella volviera por aquellos barrios meramente comerciales. Vaya idea.
Dejó pasar los días uno a uno, como gotas de agua dejando lenta y parsimoniosamente su marca en la piedra sobre la que gotea, y seguía empeñado en buscarle, escarbaba entre los peatones apresurados, entre el tráfico vehicular, sin obtener nada más allá que instantes petrificados de la cotidianidad, del hastío descomunal de las horas pico del centro de la cuidad. Continuaba con la esperanza, de encontrarle, de darse cuenta de que Ella no encajaba en el todo cotidiano, si, eso también la hacía más mágica, esa atemporalidad con que se movía, como si estuviera levitando, su rostro en aquella única ocasión no era como el de la gente en general, Ella parecía divertise sorteando a el mundo entero, a los vendedores y a los carteristas, a los niños que corrían entre bolsas de especias y condimentos, a los perros malolientes, parecía impermeable a todo.
Continúo se infructuosa busqueda mientras intentaba sacarla de su cabeza, convenciendose a el mismo que Ella no existía, que Ella había llegado a sus ojos con el único afán de darle un respiro entre los montones apilados en desorden de soledad y monotonía que llenaban sus días, sus noches, su apartamento y sus sueños, y hasta su alacena. Intentaba olvidarla a pie y por las noches, con cigarrillos y con café, con series de televisión, peliculas, y vodka. Y lo que logró conseguir fue algo menos que esperado. Se dió cuenta de las cosas que hasta el momento parecían no tener importancia; las esquinas de las paredes, las gotas de agua condensadas que rodaban en el espejo del baño al terminar de bañarse, en el humo del cigarrillo que se perdía entre el aire que respiraba en su habitación, en la sala, y en el balcón. Como Ella.