lunes, 23 de noviembre de 2009

De soledades...

3:30 am.
Primer café del día (o será acaso el útlimo?) No sé como llegué a mi casa hoy. Pero tampoco quiero pensarlo. Por momentos dudo que esta sea mi casa realmente. Aún siento las orejas calientes, y mis manos y brazos parecen tener vida propia, fuera de mi control.
El estómago; sé que en algún momento me lo reclamará. Y mira que sabe cómo hacerlo! Por lo pronto lo siento en llamas, y siento ese calor por todo el tracto digestivo. mi respiración se ha vuelto pesada, como si el aire que respiro fuera más fácil respirarlo a cucharadas.
El aroma del café me ha vuelto a la vida. Siempre es revitalizador, sobre todo a esta hora de quietud y sombras, de soledades. "De soledades..." Por aquí hay mucha de esa. Silencio y recuerdos que pesan más a cada momento. Soledades compartidas, soledades que se acopañan y se hacen más duras, más tristes y devastadoras. Las encuentro mientras bebo mi café, en el humo de los cigarrillos y en el fondo de los vasos. Incluso las encuentro en los acordes de Monk o Mingus. Quizá soy yo quien las busca, y me las topo por todos lados.
Sabes a todas, soledad. Sabes a tabaco, a vodka, a café. Hueles a transporte público, a libros de segunda mano, y al rocío matinal.
Sabes a Todas...

domingo, 22 de noviembre de 2009

Quizá

No sé cuando ni como te empecé a sentir diferente. Tampoco sé cuando ni en qué momento comencé a extrañarte. Por ahora, tengo la certeza de que me haces falta. Te he buscado por todos lados, y la incertidumbre de tu sentir hacia mí me mata lentamente, me quema la necesidad de saber de ti, de al menos escuchar tu voz. Cada noche se convierte en un martirio, te busco entre las sombras que en silencio entran por la ventana, y sólo me encuentro abruptamente con el ineludible silencio de la soledad que doblega por su intangible peso mi voluntad y mis fuerzas. Me he agotado, hoy es difícil caminar, es difícil no pensar en ti sin que me duelas, sin que me duelas físicamente. No sé cómo, pero me duele el cuerpo de pensar en ti, de extrañarte a ti y a tus manos.
Quizá sea bueno olvidarte, quizá tu ni siquiera me recuerdes, al menos no como yo pienso en ti. Se lo diré al viento, y espero que sea un buen mensajero, que al menos el rumor de que te borré de mi mente llegue a ti, que sepas que me has perdido, aunque muy a mi pesar, nunca he sido tuyo.
Y no soy tuyo, no por que yo no lo quiera, por que (quizá) tu no lo quieres así.

Quizá.

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Estudihambre, remedo de escritor... melómano, poeta frustrado, y tecnócrata...

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