lunes, 23 de noviembre de 2009

De soledades...

3:30 am.
Primer café del día (o será acaso el útlimo?) No sé como llegué a mi casa hoy. Pero tampoco quiero pensarlo. Por momentos dudo que esta sea mi casa realmente. Aún siento las orejas calientes, y mis manos y brazos parecen tener vida propia, fuera de mi control.
El estómago; sé que en algún momento me lo reclamará. Y mira que sabe cómo hacerlo! Por lo pronto lo siento en llamas, y siento ese calor por todo el tracto digestivo. mi respiración se ha vuelto pesada, como si el aire que respiro fuera más fácil respirarlo a cucharadas.
El aroma del café me ha vuelto a la vida. Siempre es revitalizador, sobre todo a esta hora de quietud y sombras, de soledades. "De soledades..." Por aquí hay mucha de esa. Silencio y recuerdos que pesan más a cada momento. Soledades compartidas, soledades que se acopañan y se hacen más duras, más tristes y devastadoras. Las encuentro mientras bebo mi café, en el humo de los cigarrillos y en el fondo de los vasos. Incluso las encuentro en los acordes de Monk o Mingus. Quizá soy yo quien las busca, y me las topo por todos lados.
Sabes a todas, soledad. Sabes a tabaco, a vodka, a café. Hueles a transporte público, a libros de segunda mano, y al rocío matinal.
Sabes a Todas...

domingo, 22 de noviembre de 2009

Quizá

No sé cuando ni como te empecé a sentir diferente. Tampoco sé cuando ni en qué momento comencé a extrañarte. Por ahora, tengo la certeza de que me haces falta. Te he buscado por todos lados, y la incertidumbre de tu sentir hacia mí me mata lentamente, me quema la necesidad de saber de ti, de al menos escuchar tu voz. Cada noche se convierte en un martirio, te busco entre las sombras que en silencio entran por la ventana, y sólo me encuentro abruptamente con el ineludible silencio de la soledad que doblega por su intangible peso mi voluntad y mis fuerzas. Me he agotado, hoy es difícil caminar, es difícil no pensar en ti sin que me duelas, sin que me duelas físicamente. No sé cómo, pero me duele el cuerpo de pensar en ti, de extrañarte a ti y a tus manos.
Quizá sea bueno olvidarte, quizá tu ni siquiera me recuerdes, al menos no como yo pienso en ti. Se lo diré al viento, y espero que sea un buen mensajero, que al menos el rumor de que te borré de mi mente llegue a ti, que sepas que me has perdido, aunque muy a mi pesar, nunca he sido tuyo.
Y no soy tuyo, no por que yo no lo quiera, por que (quizá) tu no lo quieres así.

Quizá.

sábado, 24 de octubre de 2009

Fiebre

Es común verle caminar por la calle desierta por las noches en que la Luna ilumina fuertemente. Pasea entre los aromas de jazmines y el humo de sus cigarrillos, entre el rocío joven que marca la cercanía del amanecer. No suele caminar por el pasto, los tacones lo hacen poco funcional, así que lo hace por las banquetas, mientras recuerda como solía correr entre aquellos árboles que ahora se mueven con el aire frío de las madrugadas. Se ve a ella misma de pequeña, tras sus compañeras de aventuras interminables y fantasías lúdicas, vestida con un hermoso conjunto de vestido bordado en colores pastel, peinada de forma magistral por las hábiles manos de su madre. Zapatos negros de charol, y medias de orlas a tono con su vestido y los listones que adornaban los rizos de su largo cabello. Ahora es diferente. Si, también lleva vestido, pero no el largo de su infancia, ahora es un poco más provocador. Mucho más corto, y sigue usando medias, pero ahora de redecilla negra. Si, también sigue con charol negro, pero ahora de stilleto. Lo que si ha cambiado es su cabello, suelo por completo, eso si, con sus hermosos rizos en color trigo, que aunque no lo parece,es natural. Piensa en su habitación, que la espera sola como es usual, un pijama de lana para esos amaneceres fríos, un té caliente de manzanilla y seguir con los cigarrillos ligths. Los tacones empiezan a cobrar factura, a pesar de que cuando los compró se enamoró de ellos; tacón acrobático de 11 cms, charol negro y la forma clásica de unos stilletos.
Pero esa noche su preocupación principal no eran sus zapatos. Sentía como subía cada mililitro de sangre a su cabeza, cada palpitación era como gotas de plomo candente cayendo en su cabeza. Las manos le temblaban, pero no sabía si era por el frío que sentía hasta los huesos o por el mismo dolor de cabeza. Tenía la mandíbula tensa, y los dientes le cascabeleaban y estaba segura que estaba pálida. Sentía la fiebre estremeciéndola por completo y la hacía recordar de nuevo los remedios que en alguna ocasión su madre preparaba para casos como ese. La imagen de su madre en la cocina con aquel delantal que durante tantos y tantos años vistió y del que ella tanto le recriminó. No entendía como alguien podía estar toda su vida atada de alguna forma a un hombre como lo había sido su padre. No las golpeaba, ni las explotaba. Eran tres hermanas y ella era la mayor. Viéndolo bien, había sido un buen padre. Aún así, no lograba comprender por qué las mujeres tenían por que estar toda la vida a la sombra de un hombre.
Era paradójico, ahora ella, en la búsqueda de su libertad, vivía a expensas de los hombres, de la soledad de los hombres. De esa falta de confianza, y quizá por eso, se sentía superior a ellos.
Pero esa noche, no.

martes, 15 de septiembre de 2009

Divagaciones

1:29 a.m.
Afuera llueve (mano derecha en su muslo izquierdo). Vaya que hace calor. Sería bueno abrir esa ventana (brazo izquierdo rodeándola por la cintura). Necesito un poco de aire... y un cigarro. Un trago de vodka no caería mal. O mejor aún, whisky. Podría cambiar el cigarro por un puro. Pero no tengo ninguno de los dos. (suena Dave Brubeck Quartet con Cassandra). ¿Cómo habrá imaginado Cortázar a los cronopios? Yo me los imagino pequeños, menudos, y feos. A las famas los veo un poco más grandes (siento sus uñas trazando tremendos surcos en mi espalda). A las famas me las imagino hermosas, inclusive. Y a los cronopios feos. En definitiva el género de cada palabra lo marca así. ¿Pero por qué unos feos y las otras bellas? Creo que sólo yo los imagino así. Entre los cronopios debe haber alguno que otro obeso y con mucha barba (Su cabello se pega a mi cara y mi cuello por el sudor, es un poco molesto, mi espalda comienza a doler y las sábanas se adhieren a mi). Jack Daniel's estaría genial. Directo de la botella, como en los viejos tiempos, cuando cada trago me quemaba la garganta y eran necesarios unos cuantos shots para marearme (sus piernas me rodean por la espalda). Ahora necesito mas whisky, o lo que sea que beba para los mismos efectos, ahora es más caro llegar a ese sopor (me llama entre sollozos y gritos ahogados por mi nombre, yo no recuerdo el suyo... "reina" siempre es una buena salida). Igual el tabaco. Si eran lights me mareaba el primer golpe. Si fumaba mucho al otro día no soportaba  el dolor de cabeza. Dicen que es la cruda del cigarro (me muerde los labios y se aferra con fuerza a mi con brazos y piernas largamente, le correspondo estujándola por la espalda). Ahora el tabaco ya no me sabe, ni lo siento. Ni siquiera el humo del puro lo siento. Claro, cuando entre en mis ojos si (le beso el cuello y las mejillas, "besos mejillones", decía Benedetti). Ahora tengo sueño. Y hambre.
   -Ya te extrañaba. Pensé que no te volvería a ver, con eso de que nunca tienes tiempo...
  -¿De verdad crees que es un buen momento para reclamaciones? Creo que jamás te he mencionado a tu novio...
   -(sonora carcajada) Sabes que bromeo. Quédate a dormir. Me gusta dormir entre tus brazos.
Gusto en la boca a saliva ajena. ¿Dónde tendrá las bebidas?
Ventana abierta.
1:52 a.m.

sábado, 12 de septiembre de 2009

De recuerdos ajenos

...Y de nuevo tu silueta
a contraluz se dibuja
entre mis sueños
juegas con mi esencia
entre tus labios
decantas mi alma de mi cuerpo
para beberla poco a poco
me despierto inconsiente
y sólo recuerdo tu aroma
y las instantáneas de tu cuerpo
entre mis brazos

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Instrucciones para subir una escalera

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
 
 
Tomado de "Historias de cronopios y famas", Julio Cortázar, 1962

sábado, 5 de septiembre de 2009

Recuerdos primarios

Parece que conozco el sabor de tus labios desde mucho tiempo atrás, como si ya alguna vez hubiera estado entre tus brazos, flotando entre notas musicales estridentes, con los ojos nublados por el humo hostil del tabaco y el instinto a flor de piel, despiertas las manos atentas a tu piel, a tu tacto, a tu calor y tus humedades. Encontrarte de nuevo entre sueños, el recuerdo de tus tímidas primeras caricias, ínfimas muestras de deseo y cariño, puntas de iceberg de tu legado de mujer de fuego, mujer vibrante, mujer que siente.

miércoles, 19 de agosto de 2009

seamos uno

Embriágate de mi,
alimentate de mi,
respira, bebe, unificate a mi,
porque yo haré lo mismo contigo

Cúbrete conmigo
siente mis latidos sobre tu piel
escucha mi respiración cerca de tu boca
acompáñame a buscar estrellas
entre sollozos mudos
y entre tus labios.

mi guía

Muestrame el valor de una caricia,
enseñarme el fuego de tu tacto,
destroza la fortaleza de mi día con tu sonrisa,
con tus labios revive mi cuerpo de aquel letargo,
al que yo mismo lo había condenado.

Muestrame el universo que se oculta en tus caricias,
guíame por el tupido bosque húmedo de tus besos,
llevame de la mano por el sendero que iluminan tus ojos

A merced

Os pertenezco, desde el momento en que me mirasteis a los ojos.
Os pertenezco, a partir del primer roce de vustros labios a los mios.
Soy para ti, hoy pongo en vuestras manos de seda mi vida
a merced de vuetro aliento y a disposición de vuestros labios de plata
Plenamente vuestro, plenamente alegre

lunes, 17 de agosto de 2009

Confianzas

se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

Poema de Juan Gelman

martes, 11 de agosto de 2009

tu presencia

Estás a cada instante en mi mente
tu, tus ojos y tus manos
Cubro mis ojos y estás tu
tus pies, tu cuello, tu boca y tus senos
A cada respiro tu
tu vientre, tus piernas, tu espalda
en todos mis latidos tu
tu sexo, tu aliento, tu cabello
y tu.

viernes, 31 de julio de 2009

sombras de ti

Batallo cada noche con tu recuerdo
intento dispersar mis ideas y quedarme
con el aroma de tu cabello entre mis manos
y la sensación de tus labios quemandome la piel

Busco entre las sombras que inundan la habitación
de soledad, dolor y tristeza
me invaden memorias lejanas
que corren en manada por mi mente

Me doy por completo a ti en cada respiro
te siento a mi lado aún en tu ausencia
como si estuvieras bajo mi piel
besándome a cada palpitar, entre sombras

miércoles, 29 de julio de 2009

La maldad nace de la supresión hipócrita del gozo


Una cucaracha recorre el jardín húmedo
de mi chambre y circula por entre las botellas
vacías:
la miro a los ojos y veo tus dos ojos
azules, madre mía.
Y cantas, cantas por las noches parecida a la locura,
velas
con tu maldición para que no me caiga dormido,
para que no me olvide
y esté despierto para siempre frente a tus
dos ojos
azules, madre mía.

"Poesía" 1970 - 1985


Leopoldo María Panero

miércoles, 22 de julio de 2009

entre cerezas y viento

Disfrutaban de aquella luz mientras el aire cargado del aroma de los jazmines llenaba lentamente la habitación por completo. Era del tipo de luz que suele darse por las tardes entre los meses calurosos, esa que parece casi tangible y que se confunde con el aire que se respira. Estaban recostados el uno en el otro y comían cerezas frescas, las cogían de un tazón de agua con hielos y guardaban la sensación fría para sus sueños calurosos que los esperaban impacientes aquella noche.
El ambiente de aquella blanca alcoba se entremezclaba con el aroma de los jazmines y las notas lejanas de Mingus, que hacía más melancólico y profundo el rozar del viento con las pieles de ambos. Cada cierto tiempo, el aire que corría entre los árboles que protegían la entrada aquel balcón, se colaba hasta los huesos de ellos, y erizaba la piel de forma tenue y constante, y los acercaba más y más entre cada abrazo y cada cereza.
Las manecillas del reloj que colgaba de aquella pared frente a ellos como un vigilante silencioso rondaba acechante la media noche. Aún asi se escuchaban a lo lejos los perros ladrandole a la Luna y las hojas de los árboles cayendo poco a poco.
El acariciaba el cabello de ella mientras ella besaba de vez en cuando su pecho cubierto de finas gotas de sudor. La piel de ella tambien estaba cubierta de sudor, pero se había desvanecido poco a poco entre el viento que la acariciaba al unísono de las manos de él. Llevaban largo rato asi, disfrutando el contacto con el aire fresco de la noche, de la música, de las cerezas, de ellos.

viernes, 17 de julio de 2009

La niña de Guatemala

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda...

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores...

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!...

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.

Poema de José Martí

miércoles, 15 de julio de 2009

uno más, a diario...

Tu voz se ha convertido en el réquiem perfecto a la soledad y al hastío diario;
el recuerdo del aroma de tu cuello mientras lo beso me sorprende mientras camino
y cierro mis ojos y viene a mi mente el brillo de tus ojos cuando me abrazas
Vacilo en despertar, por que en mis sueños estás tu
es más vívido tu recuerdo mientras duermo
Más aún estando despierto sueño con tus labios de bronce y con tu piel de arena
con tus manos finas y con tus pies de pluma.

sábado, 4 de julio de 2009

Introspección

No había día que no esperara en el balcón a la misma hora para verla pasar, y a pesar de eso, no la había vuelto a encontrar. Quizá era eso mismo, cierta misticidad que le imprimía al asunto, eso de haberle visto tan sólo una vez, y que esa vez pareciera que nadie más la hubiera visto. ¿Cómo era posible que Ella (por que era Ella, no solamente "alguien") pasara desapercibida entre aquel huracán urbano? Contradictorio. Aún así, no perdía la esperanza de volverla a ver. Vaya... Inicios del siglo XXI y con semejantes romanticismos. Definitivamente, no era algo que quisiera publicar.
No podía sacarla de su mente, parecía que Ella había salido de algún sueño, si, de un sueño y no de otro lado, eso explicaría su volatilidad, eso explicaría que no la hubiese vuelto a ver. Lo pensó largamente, pero se convenció a si mismo que no lo haría, preguntar por ella en las tiendas en las que el la vió sonaba enfermizo, y siendo honestos, era casi imposible que alguno de los comerciantes de la calle principal de comercios de especias y condimentos y demás aditamentos para la cocina la recordara. A ciencia cierta, no tenía ni idea del flujo de mujeres por esa zona, pero estaba seguro de que debió haber sido bastante denso, así que sería practicamente imposible dar con Ella, no sabía ni su nombre, sólo sabía que tenía un bello cuello y unos delgadísimos y finos tobillos extra-flexibles. Si, sería mejor olvidar esa idea. Ahora sólo le quedaba esperar a que Ella volviera por aquellos barrios meramente comerciales. Vaya idea.
Dejó pasar los días uno a uno, como gotas de agua dejando lenta y parsimoniosamente su marca en la piedra sobre la que gotea, y seguía empeñado en buscarle, escarbaba entre los peatones apresurados, entre el tráfico vehicular, sin obtener nada más allá que instantes petrificados de la cotidianidad, del hastío descomunal de las horas pico del centro de la cuidad. Continuaba con la esperanza, de encontrarle, de darse cuenta de que Ella no encajaba en el todo cotidiano, si, eso también la hacía más mágica, esa atemporalidad con que se movía, como si estuviera levitando, su rostro en aquella única ocasión no era como el de la gente en general, Ella parecía divertise sorteando a el mundo entero, a los vendedores y a los carteristas, a los niños que corrían entre bolsas de especias y condimentos, a los perros malolientes, parecía impermeable a todo.
Continúo se infructuosa busqueda mientras intentaba sacarla de su cabeza, convenciendose a el mismo que Ella no existía, que Ella había llegado a sus ojos con el único afán de darle un respiro entre los montones apilados en desorden de soledad y monotonía que llenaban sus días, sus noches, su apartamento y sus sueños, y hasta su alacena. Intentaba olvidarla a pie y por las noches, con cigarrillos y con café, con series de televisión, peliculas, y vodka. Y lo que logró conseguir fue algo menos que esperado. Se dió cuenta de las cosas que hasta el momento parecían no tener importancia; las esquinas de las paredes, las gotas de agua condensadas que rodaban en el espejo del baño al terminar de bañarse, en el humo del cigarrillo que se perdía entre el aire que respiraba en su habitación, en la sala, y en el balcón. Como Ella.

lunes, 15 de junio de 2009

desde el balcón

Llevaba largo rato obsevándola, entrando y saliendo de cualquier cantidad de tiendas, en ocaciones la perdía de vista entre las personas que se arremolinaban en el mar de tiendas y vendedores que ofrecían todo y nada, remedios para esto y aquello. Caminaba sola y con la fluidez del aire entre los árboles, el vaivén de sus cabellos que se enredaban a cada paso con su cuello; le agradaba la movilidad de sus tobillos, bellamente calzados por unas rústicas alpargatas de piel, que envolvían sus tobillos, unos tobillos finos y blancos que le demostraban (o al menos a él así le parecían) una elasticidad poco usual. Su cuello era igualmente delgado, tal como ella, esbelta y ligera, del color de la cerámica, reluciente. A la luz del sol eran visibles en su labio superior unas finísimas perlas de sudor que ella intentaba ocultar discretamente con el pañuelo desechable que iba y venía entre sus manos.
Eran los primeros días de aquel verano que había comenzado vacilante, pero con cierto calor empalagoso, y el aire parecía estar enrarecido por discretísimas llamas de fuego que al respirarse quemaban el pecho. Ni una sola nube en el cielo ayudaba a paliar el Sol quemante que caía a plomo sobre la ciudad. Esperaba las lluvias con ansia, le agradaba la sensación breve de la brisa que mojaba poco a poco su balcón, disfrutaba el olor a tierra húmeda que antecedía a las lluvias, ese aroma que acompañaba noche a noche con las tormentas eléctricas, y le gustaba también observarlas, desde su balcón, y sentirse libre, aunque sea sólo durante las lluvias, ver las venas eléctricas de las nubes, el rugir del cielo sobre la gran ciudad que estaba seguro jamás terminaría de conocer, y el estrépito de las ventanas que chocaban contra sus mismos marcos por las ondas sonoras. Apreciar la magnificencia del cielo y sus nubes, podía pasar horas y horas mirando, en estado de éxtasis.
Al verla caminar se dio cuenta de que se estaba convirtiendo en un espectador, su vida corría en circulos de su visión, aprendió a ver todo cuanto lo rodeaba, incluso en situaciones poco comunes; de camino a su trabajo, mientras esperaba el camión o durante la tarde, desde aquel balcón que se convirtió en su trinchera, desde el cual apreciaba y sentía como el cielo de las tardes ligeras del invierno o los amaneceres húmedos de verano, las lluvias que por las tardes frías de finales de junio llegaban poco a poco y que anunciaban un invierno vagamente frío. Pensaba en ello sin perderla de vista, intentaba alejarse de aquellos pensamientos que nublaban esa hermosa aparición, aquella mujer era prácticamente una visión de otro tiempo y otro espacio, realmente era bella, no como las mujeres que día a día en revistas y televisión mostraban, el típico estereotipo de belleza comercial, era algo extraño, inclusive estaba seguro de que si alguien más tuviera a bien fijarse en aquella que bailaba entre el tumulto del medio día del ajetreado centro de la cuidad, no sería capaz de entender esa belleza que ocultaba entre los profundos ojos cafés que miraban con detalle cada aparador que recorría.

sábado, 30 de mayo de 2009

anochecer húmedo

Eran más de las once de la noche, y la lluvia parecía llenar las ventanas de gelatina. Se escuchaban las gotas golpendo el techo de lámina, y los vidrios comenzaban a empañarse con la respiración de ellos. El humo del café de olla servido en aquellas rústicas tazas de barro rojo se difuminaba con el de los cigarrillos de tabaco rubio; a pesar de él, que prefería un tabaco más fuerte, pero no había logrado encontrar algo más en aquel pueblo lejano, sólo cigarrilos de tabaco rubio sin filtro.
Habían estado caminando buena parte del día rodeadeados de una luz diáfana y con un clima húmedo y frío, entre mucha vegetación verde y el sonido del viento rebotando en las altas motañas que formaban la barrera protectora natural de aquellos caminos de tierra húmeda y cielos de nubes grises de lluvia y poco sol. Aún asi, sentían ánimos de charlar.
Ella caminaba de un lado a otro de la habitación, con el cigarrillo entre los dedos de la mano derecha. Su figura era tan ligera que parecía que caminaba entre hojas secas y no en aquel piso de tierra apisonada, como si sus pies no tocaran el suelo y fuera su aura la que le permitiese moverse, y la luz de la lampara de aceite que vagamente iluminaba las paredes burdamente encaladas distorsionaba la esbelta sombra de aquella mujer, mientras él la miraba pasearse. Él daba pequeños tragos al café, mientras estaba recargado levemente entre las almohadas improvisadas por cobijas amontonadas en la cabecera de la cama y la pared.
Comenzó por rodear la mesa de pino sin tallar, apoyandose levemente en las dos sillas plásticas patrocinadas por la marca popular de cerveza, acercando de cuando en cuando la mano al centro de la mesa para dejar caer las cenizas del cigarrilo en el cenicero improvisado en un recorte de el fondo de una lata de aluminio con los bordes cortantes hacia afuera para evitar el riesgo de cortarse. El piso de aquel lugar estaba fresco, húmedo y fresco, y era agradable caminar descalzo en el, a pesar de la lluvia afuera, el ambiente dentro comenzaba a condensarse un poco. Asi que decidió caminar hacia la puerta para refrescar un poco la habitación. Vestía unos pantalones de manta beige, los había doblado en las piernas para refrescarse mejor, y una blusa roja de tirantes que permitía que su espalda fuera acariciada con la mirada sin la menor complicación.

jueves, 21 de mayo de 2009

la horajarasca


Había salido a caminar mientras el sol de mayo se colaba entre las incipientes nubes que poblaban aquel atardecer. Un viento fresco soplaba entre las ramas de los antiguos eucaliptos que llenaban aquel pequeño bosque que después de varios años y casas construidas a su alrededor había quedado casi olvidado por los vecinos del lugar. Durante su infancia, había corrido entre aquellos mismos árboles, aprendió a montar en bicicleta ahí mismo, realmente muchos momentos importantes a lo largo de su vida habían tenido lugar entre esas mismas ramas que ahora se mecían al ritmo del aire fresco y el calor húmedo de aquella tarde, quiza por eso ahora despúes de varios años regresaba a aquél que antaño fuera bosque, pero que ahora era sólo un pequeño parque en medio de la colonia donde sus padres le llevaron a crecer. Era extraño verle caminar, fumaba lentamente un pequeño puro, y a pesar del aire no vestía nada más allá de una simple playera y un pantalón de mezclilla, calzaba unos tenis un tanto desgastados y que hace unos cinco años habían tenido un éxito comercial brutal, pero que en ese momento eran prácticamente obsoletos a los ojos de la moda. Las hojas caían poco a poco, y formaban un tapete multicolor que producía un aroma inigualable, era entre esas hojas que las pocas ardillas que aún vivian en ese lugar buscaban una que otra piña que caía de aquellos pinos que diversificaban la población vegetal.

La tarde comenzaba a caer, poco a poco la luz se volvía trémula y se sentía un poco más el aire frio. Trataba de recordar aquellos momentos entre la hojarasca, esa misma que ahora sus pisadas hacían crujir, trataba de hurdir la trama completa de aquelo que aún no lograba etiquetar. Intentaba concentrarse en algo en concreto, pero no podía dejar de pensar en cosas que le parecían banas, pero no podía enfocarse en algo más; el aroma de los árboles después de la lluvia lo hacía recordar aquellos paseos de la mano con Ella. Y no era que le extrañara, simplemente sabía que Ella también los disfrutaba. Solían caminar asi los domingos por la tarde, era algo asi como un ritual enre ellos, así como muchos de sus familiares se decidían por ir a misa, ellos caminaban entre ese parque, y era ahí donde aclaraban sus ideas. Era complicado que entre semana se tuvieran tiempo el uno para el otro, asi que salir a caminar les hacía bien; se ponían de acuerdo desde si cambiarían el color de las habitaciones, si era mejor que su madre se cambiara o no de casa (aunque sabían ambos que no era desición propiamente de ellos y que no llegarían a un punto medio), si les gustaba o no el helado de nuez de la nueva cafetería de la avenida, o inclusive, podía llegar a ser tan erótico caminar entre los arboles que regresaban a casa y hacían el amor como si fuera el primer encuentro fortuito entre dos amantes ocacionales.

viernes, 8 de mayo de 2009

reverberaciones nocturnas

Mientras un viento refrescante mece las cortinas de la habitación, veo tu figura desnuda caminando hacia el resplandor de la luz trémula de la Luna, mientras el humo del cigarrillo se difumina entre el aire que es casi necesario cortar a cuchilladas, ese mismo aire que respiramos juntos, que iba y venía entre tu boca y la mía.
Caminas de nuevo y tu figura estilizada me estremece de nuevo, el alboroto de tos cabellos hace florecer la sensación de tu cuerpo junto al mío. Tu sobra reflejada contrasta con la blancura de las sábanas, y estoy seguro que el aire fresco que de nuevo recorre la habitación eriza tu piel casi de la misma forma en que se erizó hace apenas unos minutos. Inhalo un poco más de humo y cierro mis ojos; veo tu rostro con los ojos cerrados, te ves tan sensual mientras acaricias y besas mi pecho, siento tus uñas dejando unos zurcos en mi espalda, y si, quizá me he vuelto masoquista, no lo sé, pero en realidad disfruto de ese pequeño placer doloroso, o ese doloroso placer... Siento tu cabello revuelto entre mis dedos, y la sensación del mismo recorriendo mi abdómen, el sabor salado y floral de tu piel aún lo tengo en los labios, y tu aroma parece ser uno mismo con el de las noches calurosas del jardín. veo tu cuerpo exhalando, casi puedo sentir entre mis manos tu alma, tu sudor resbala entre mis manos y se mezcla con el mío, tus ojos fuera de control y puedo sentir cada uno de tus músculos tensándose de una forma irreal, espasmódica, contorsionándose al ritmo de las cortinas.
Finalmente tus dedos acariciandome de nuevo las piernas me traen de vuelta a la realidad, y observo tu rostro, como si estuviese mirando un amanecer invernal y tu sonrisa me sorprende, sé que algo me dices, escucho tu voz pero en realidad estoy perdido en el aroma enervante de tu piel, comiendo el pan de tu vientre y perdido entre tus pechos, acariciando tu espalda con fruición, esa espalda digna de alabanza y ya no soy capaz de pensar en nada más que no sea piel, tu sexo, tu respiración jadeante y tu aliento hirviendo....
Fuera del mundo, de nuevo.

miércoles, 29 de abril de 2009

inspiración natural

Usaré mi corazón como tintero y tu piel como lienzo, y escribiré nuestra historia con mis labios, la gritare a los cuatro vientos para que el eco de las montañas se la cuente a quien tenga a bien escucharla, la murmurare al océano para que la esparsa con su brisa a todo el mundo en los ocasos, y a los astros, les recitaré lo nuestro; para que cada rayo de luz que acaricie la Tierra lo diga. Y de esa forma y no de otra, el mundo sabrá lo mucho que te amo y lo feliz que soy a tu lado.

miércoles, 25 de marzo de 2009

un pensamiento más

Hoy no se quien soy, la memoria me traiciona y solo recurre a ti aún en los momentos mas inverosímiles, extraes de mi aquello intangible, maravilloso, caotico. Siento dentro de mi esas ansias desesperantes de ti, tengo sed de ti, hambre de ti, es una necesidad apremiante que incinera a fuego lento cada uno de mis pensamientos y me convierte en reaccionario ante cada detalle de ti, ante cada esbozo de tu sonrisa, a la mas tenue mirada o la mínima insinuación de tus labios.
Paso el día entero buscando algo que pudiese aminorar el sentimiento lastimero de no estar a tu lado, de saberme amado y no encontarte cerca, y solo tu voz puede darme un pequeño aliciente, un leve respiro en esto que se asemeja a un océano de soledad y caos. Es ahora cuando me doy cuenta de que has llegado a mi vida como un aire fresco de abril, como la brisa del mar o el rocío de los campos florales, renovando todo y llenandolo de vida y alegría; de esa sustancia pura e intangible que algunos llamamos Amor.

jueves, 12 de marzo de 2009

la elocuencia de tu silencio

Te observo en silencio y me invade un sentimiento nuevo, por que no todos tus silencios son iguales, tus silencios nocturnos a los diurnos, los de molestia a los de placer, en los que te enfrascas en tus pensamientos, por ejemplo, en el aire flotan las palabras que buscas para ti misma, se siente la efervescencia de tus pensamientos, mana de piel un aroma a razonamiento hipotético, algo que se vuelve casi tangible.
Disfruto sin embargo, aquellos silencios en las noches en las que tu silencio me envuele, en los que el calor de tu cuerpo es parte de ti y a la vez es todo, admiro tus ojos cerrados, los mismos ojos que me ven con amor, con pasión, con ternura y con paciencia, que gritan en silencio y que crean el silencio de tus labios, el mismo que complementas con tus manos y y coronas con tu aroma, y que ya sea a grito abierto o en el espacio sin la luz de tus palabras, me enajena tu sola presencia, y los momentos a tu lado se vuelven atemporales, ni el tiempo ni la distancia importan mientras esté a tu lado, sientiendo tu silencio, siendo parte de el, volcado en tu pensamiento que me envuelve y me contrae en un lugar metafísico creado sólo para nosotros, como si el se alimetara de nosotros, de nuestros pensamientos, del calor de nuestros cuerpos o se regenera a sí mismo en tu mirada, en tu silencio.

viernes, 6 de marzo de 2009

Tu cuerpo

Recorro tu cuerpo lentamente desde tu frente hasta la punta de tus pies, he decidido guardar cada milímetro de tu piel en mi memoria valiendome de mis labios como guía, la punta de mis dedos recopilaran las sensaciones de tu piel mientas me embriago con la ambrosía que mana de tus labios. Siento tus manos en mi espalda y en mi nuca, y el ir y venir de tus dedos genera ese dolor placentero casi irreal e incomprensible que disfruto como la mas grande de las bendiciones, y acompañados por el palpitar de tu cuello son suficientes para transportarme a un mundo ajeno. Ya no es necesario nada mas, solo tu aliento y tus manos me bastan.‏

lunes, 2 de marzo de 2009

Sentimentale - Gotan Project

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Un video bastante bueno de uno de mis grupos favoritos.

viernes, 27 de febrero de 2009

la mujer que amo

La mujer que amo es real, la mujer que amo tiene los ojos profundos y bellos, la mujer que amo es mujer de fuego, de tierra y pan.
La mujer que amo siente, es de carne, hueso y flores, es mujer que siente, que ríe y que gime. Es mujer de fuerza que comprende, que escucha y analiza.
Mujer de aire, mujer de agua. Mujer etérea, es mujer idealista y soñadora.
La mujer que amo es atemporal e intensa, la mujer que amo es imperfecta y perecedera, la mujer que amo es mujer de manos gráciles, es mujer con piel de ceramica y movimientos felinos.
La mujer que amo huele a lo que deben oler los ángeles, tiene el sabor de la ambrosía fresca y exhala el perfume de los campos de climas fríos.

lunes, 23 de febrero de 2009

madrugada a tu lado

Te veo dormida a mi lado, respirando el mismo aire de la vispera, bajo el aura de tu aroma que inunda el ambiente y exalta los sentidos, siento el palpitar bajo tu piel y casi puedo ver tus sueños flotando por tu mente. Acaricio tu hombro desnudo y tu cabello revuelto entre mis dedos sacan de mi me memoria nítidos y vivos recuerdos de ti entre mis brazos. Puedo sentirte cerca, como si estuviéramos totalmente fuera del mundo, flotando entre astros luminosos en algún lugar atemporal y etereo en el que no hace falta nada más allá que nosotros mismos. El frío nocturno invernal te hace estremecer y entre sueños buscas el refugio de mis brazos y mi pecho que te acogen cálida y amorosamente. Me asombra la tranquilidad con la que descansas, pero disfruto como nadie velar tu sueño y observarte en la plenitud de ti misma.
Unos lejanos acordes suenan en mi cabeza, acompañados del efluvio de ti presencia. Siento de nuevo la ambrosía que brota de cada poro de tu piel mientras tus ojos parpadean tenuemente.

martes, 10 de febrero de 2009

a la mujer del cielo nocturno

mujer de ojos grandes, de finas y delicadas formas, de gráciles movimientos, enséñame los sentimientos del ser humano, sácame del averno de los tecnisismos, y con tus caricias dirige mis pasos hacia ti.
Mujer de tacto firme, de perspicaz mirada, de enervante aroma y hechizante lenguaje, educa el alma abigarrada y frágil de este soñador tecnócrata, sensibiliza el cuerpo adormecido por la razón que tiene presa mi alma.
Mujer hechicera de pasos sonoros, de labios de bronce candente, mujer de pensamiento y entendimiento, enséñame como amarte.

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Estudihambre, remedo de escritor... melómano, poeta frustrado, y tecnócrata...

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