A veces me pregunto por qué hago las cosas. Por qué escribo, por qué leo, por que camino sólo por las noches, por qué fumo o por qué tomo café. Y hoy lo he descubierto. Hago lo que hago por no pensar en ti. Y es que cuando te pienso, cuando te recuerdo, no soporto recordar tu risa, no tolero recordarte desnuda entre mis brazos, ni tu vaivén al caminar, ni el aroma de tu cuello, ni tus ojos que me gritan ni tus labios que me besan. Simplemente no puedo.
Tu risa me da coraje, tus palabras lejanas escondidas en recuerdos vagos me irritan, incluso a tus caricias tenues y tus uñas en mi espalda las aborrezco. Y todo por que no puedo tenerte cerca, por que nada de lo anterior lo tengo cuando lo pienso. Porque cuando lo tengo, no lo pienso; lo percibo, lo siento, lo experimento… y todo cambia. Cuando estamos juntos se vuelve etéreo, amorfo, no hay ni tiempo ni espacio.
Simplemente dejo de pensar, de recordar, de preocuparme por todo y por todos. Contigo aprendí a sentir las caricias, a buscar refugio en tu cuerpo y me di cuenta de que la paz está en tu cuello, que el sosiego aparece cuando te revuelvo el cabello mientras te beso el cuello, y que cuando siento tu cabeza recostada en mi pecho nace la tranquilidad.
Contigo aprendí que a veces es mejor no decir nada para escuchar tus latidos y tu respiración, a que ningún café o vaso de agua sabe tan bueno como los que comparto contigo. También aprendí a esperar, a retener tu sabor en mis labios, a extrañarte y hasta a dormir exhausto pero extrañamente feliz.
Es por eso que cuando no estás, hago cosas. Por eso, cuando no estás, muero. Por eso cuando no estás, no soporto pensar en ti. Por que sin ti, simplemente no puedo.
Tu risa me da coraje, tus palabras lejanas escondidas en recuerdos vagos me irritan, incluso a tus caricias tenues y tus uñas en mi espalda las aborrezco. Y todo por que no puedo tenerte cerca, por que nada de lo anterior lo tengo cuando lo pienso. Porque cuando lo tengo, no lo pienso; lo percibo, lo siento, lo experimento… y todo cambia. Cuando estamos juntos se vuelve etéreo, amorfo, no hay ni tiempo ni espacio.
Simplemente dejo de pensar, de recordar, de preocuparme por todo y por todos. Contigo aprendí a sentir las caricias, a buscar refugio en tu cuerpo y me di cuenta de que la paz está en tu cuello, que el sosiego aparece cuando te revuelvo el cabello mientras te beso el cuello, y que cuando siento tu cabeza recostada en mi pecho nace la tranquilidad.
Contigo aprendí que a veces es mejor no decir nada para escuchar tus latidos y tu respiración, a que ningún café o vaso de agua sabe tan bueno como los que comparto contigo. También aprendí a esperar, a retener tu sabor en mis labios, a extrañarte y hasta a dormir exhausto pero extrañamente feliz.
Es por eso que cuando no estás, hago cosas. Por eso, cuando no estás, muero. Por eso cuando no estás, no soporto pensar en ti. Por que sin ti, simplemente no puedo.
