Eran más de las once de la noche, y la lluvia parecía llenar las ventanas de gelatina. Se escuchaban las gotas golpendo el techo de lámina, y los vidrios comenzaban a empañarse con la respiración de ellos. El humo del café de olla servido en aquellas rústicas tazas de barro rojo se difuminaba con el de los cigarrillos de tabaco rubio; a pesar de él, que prefería un tabaco más fuerte, pero no había logrado encontrar algo más en aquel pueblo lejano, sólo cigarrilos de tabaco rubio sin filtro.
Habían estado caminando buena parte del día rodeadeados de una luz diáfana y con un clima húmedo y frío, entre mucha vegetación verde y el sonido del viento rebotando en las altas motañas que formaban la barrera protectora natural de aquellos caminos de tierra húmeda y cielos de nubes grises de lluvia y poco sol. Aún asi, sentían ánimos de charlar.
Habían estado caminando buena parte del día rodeadeados de una luz diáfana y con un clima húmedo y frío, entre mucha vegetación verde y el sonido del viento rebotando en las altas motañas que formaban la barrera protectora natural de aquellos caminos de tierra húmeda y cielos de nubes grises de lluvia y poco sol. Aún asi, sentían ánimos de charlar.
Ella caminaba de un lado a otro de la habitación, con el cigarrillo entre los dedos de la mano derecha. Su figura era tan ligera que parecía que caminaba entre hojas secas y no en aquel piso de tierra apisonada, como si sus pies no tocaran el suelo y fuera su aura la que le permitiese moverse, y la luz de la lampara de aceite que vagamente iluminaba las paredes burdamente encaladas distorsionaba la esbelta sombra de aquella mujer, mientras él la miraba pasearse. Él daba pequeños tragos al café, mientras estaba recargado levemente entre las almohadas improvisadas por cobijas amontonadas en la cabecera de la cama y la pared.
Comenzó por rodear la mesa de pino sin tallar, apoyandose levemente en las dos sillas plásticas patrocinadas por la marca popular de cerveza, acercando de cuando en cuando la mano al centro de la mesa para dejar caer las cenizas del cigarrilo en el cenicero improvisado en un recorte de el fondo de una lata de aluminio con los bordes cortantes hacia afuera para evitar el riesgo de cortarse. El piso de aquel lugar estaba fresco, húmedo y fresco, y era agradable caminar descalzo en el, a pesar de la lluvia afuera, el ambiente dentro comenzaba a condensarse un poco. Asi que decidió caminar hacia la puerta para refrescar un poco la habitación. Vestía unos pantalones de manta beige, los había doblado en las piernas para refrescarse mejor, y una blusa roja de tirantes que permitía que su espalda fuera acariciada con la mirada sin la menor complicación.

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