Había salido a caminar mientras el sol de mayo se colaba entre las incipientes nubes que poblaban aquel atardecer. Un viento fresco soplaba entre las ramas de los antiguos eucaliptos que llenaban aquel pequeño bosque que después de varios años y casas construidas a su alrededor había quedado casi olvidado por los vecinos del lugar. Durante su infancia, había corrido entre aquellos mismos árboles, aprendió a montar en bicicleta ahí mismo, realmente muchos momentos importantes a lo largo de su vida habían tenido lugar entre esas mismas ramas que ahora se mecían al ritmo del aire fresco y el calor húmedo de aquella tarde, quiza por eso ahora despúes de varios años regresaba a aquél que antaño fuera bosque, pero que ahora era sólo un pequeño parque en medio de la colonia donde sus padres le llevaron a crecer. Era extraño verle caminar, fumaba lentamente un pequeño puro, y a pesar del aire no vestía nada más allá de una simple playera y un pantalón de mezclilla, calzaba unos tenis un tanto desgastados y que hace unos cinco años habían tenido un éxito comercial brutal, pero que en ese momento eran prácticamente obsoletos a los ojos de la moda. Las hojas caían poco a poco, y formaban un tapete multicolor que producía un aroma inigualable, era entre esas hojas que las pocas ardillas que aún vivian en ese lugar buscaban una que otra piña que caía de aquellos pinos que diversificaban la población vegetal.
La tarde comenzaba a caer, poco a poco la luz se volvía trémula y se sentía un poco más el aire frio. Trataba de recordar aquellos momentos entre la hojarasca, esa misma que ahora sus pisadas hacían crujir, trataba de hurdir la trama completa de aquelo que aún no lograba etiquetar. Intentaba concentrarse en algo en concreto, pero no podía dejar de pensar en cosas que le parecían banas, pero no podía enfocarse en algo más; el aroma de los árboles después de la lluvia lo hacía recordar aquellos paseos de la mano con Ella. Y no era que le extrañara, simplemente sabía que Ella también los disfrutaba. Solían caminar asi los domingos por la tarde, era algo asi como un ritual enre ellos, así como muchos de sus familiares se decidían por ir a misa, ellos caminaban entre ese parque, y era ahí donde aclaraban sus ideas. Era complicado que entre semana se tuvieran tiempo el uno para el otro, asi que salir a caminar les hacía bien; se ponían de acuerdo desde si cambiarían el color de las habitaciones, si era mejor que su madre se cambiara o no de casa (aunque sabían ambos que no era desición propiamente de ellos y que no llegarían a un punto medio), si les gustaba o no el helado de nuez de la nueva cafetería de la avenida, o inclusive, podía llegar a ser tan erótico caminar entre los arboles que regresaban a casa y hacían el amor como si fuera el primer encuentro fortuito entre dos amantes ocacionales.

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